
Hace más de seis décadas, en el corazón del Quindío, nació la Fundación Amparo de Niños Juan XXIII, brindando un refugio seguro para niños en situación de vulnerabilidad.
Con recursos limitados y voluntarios dedicados, la fundación comenzó a brindar protección y apoyo a los niños afectados por violencia y abandono en una pequeña casa de Calarcá.
A medida que más personas se sumaron a la causa, la fundación se estructuró formalmente, desarrollando programas que incluyen educación, salud y apoyo emocional para los niños.
Hoy, la Fundación Amparo de Niños Juan XXIII es un pilar en la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en el Quindío y a nivel nacional.
Más que un lugar seguro, ofrecemos un entorno donde los niños pueden resignificar su historia, fortaleciendo su resiliencia y construyendo un mejor futuro.
La adecuación de nuestra sede actual, diseñada para atender poblaciones vulnerables, ha sido un hito importante para nuestra fundación.
Gracias a convenios con instituciones educativas y organizaciones nacionales e internacionales, ampliamos nuestro impacto con programas innovadores y sostenibles.
Con el apoyo de donantes, voluntarios y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, seguimos firmes en nuestra misión de transformar vidas, ofreciendo amor, respeto y oportunidades.
La Fundación Amparo de Niños Juan XXIII continuará siendo una esperanza, proporcionando un entorno donde cada niño puede superar sus dificultades y construir su proyecto de vida.